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Mostrando entradas de febrero, 2026

CAPÍTULO 19. EVA

Eva no se prodigaba mucho por el Roca. Su trabajo apenas le dejaba tiempo libre salvo aquel en el que no encuentras a nadie con quien salir. Periodista deportivo, con tardes eternas de trabajo, cierres de edición tardíos y mañanas donde la palabra madrugar estaba prohibida, definían su rutina. Pero siempre era agradable verla por allí, y muy interesante, pues si alguien estaba al tanto de los últimos cotilleos deportivos, inminentes fichajes o amaños de partidos, esa era ella. Guapa, con carita de ángel, menuda, y encantadora figura de eterna niña buena, inspiraba más a meterla en la cama para arroparla y darle un beso en la frente. Tenía un carácter apacible, tranquilo, dejaba hablar y escuchaba con atención, y podías descubrir en ella una mirada inteligente, escrutadora. Su actitud era más un registro y análisis de cada detalle que una mera conversación ligera de barra. Era la grabadora encendida que no desperdicia lo que se dice fuera de micrófono. A pesar de no dejarse ver mucho po...

CAPÍTULO 18. CARLOS, EL MAQUINISTA

Carlos era un asiduo del taburete del fondo de la barra del Roca. De unos 60 años y complexión gruesa, de esa que ahora llaman fuerte, destilaba tranquilidad y ese aspecto de bonachón que es fácil de detectar, pero complejo de definir. Su mirada ligera transmitía una tristeza de fondo, se adivinaba una sombra apenas disimulada por el brillo de sus ojos, enrojecidos y algo llorosos, quizá por los años, quizá por la pena. Durante las horas tempranas de la noche, que era cuando coincidíamos en el Roca, a Carlos siempre le veías beber cerveza. Nunca le vimos borracho, pero daba la impresión de estar sedado de forma constante. Se le notaba sereno, hierático, impasible. Era como si se hubiera simbiosado todo en uno, un mismo elemento formado por la esencia del bar y su propia presencia. Una misma unidad, sin altibajos, sin estridencias. La foto de Carlos podría salir en la Wikipedia como definición del habitante–tipo de un bar, sencillo representante de la clase media, un ciudadano random de...

CAPÍTULO 17. UPE

Con Upe me veía esporádicamente, marca de la casa y chaleco salvavidas tanto en esta como en otras relaciones. Si tuviera que describir a Upe brevemente, diría que era una potranca, jamelga, Hembra con mayúscula y usted imagínese los atributos que quiera. Respecto a su carácter, era explosiva, de prontos repentinos, tajante, de blancos y negros, luz o sombra. Era como el fuego, o quema o se apaga, no hay término medio. Con la conversación había que ir con mucho tiento, pues si tocabas alguno de sus temas tabú, sabías que iba a estallar. Aquella noche nos habíamos citado en el Roca para tomar algo. Tenía que sacarle un tema que seguro no le gustaría: debía desaparecer de la ciudad por un tiempo, serían semanas, quizá meses. Y lo peor es que no sabía cuándo iba a volver. Eso si volvía. Para preparar bien el escenario pedí un buen vino que atemperara el momento. Siempre me han sorprendido los efectos que tiene el vino. Es capaz de conseguir lo imposible. Enzima reactiva que logra que po...

CAPÍTULO 16. EMIL

Aquella semana había hecho mucho frío. Las calles de Madrid se habían cubierto de nieve, algo raro para ser Madrid, y más aún a principios de diciembre. A partir de las siete de la tarde la gente se agolpaba en el Roca en busca de algo de calor, físico y emocional. Refugio urbano de un frío rural lejano e inesperado. La panda nos íbamos congregando paulatinamente, pero siempre el primero en llegar era Emil. Emil era un migrante (antes diríamos emigrante, pero el lenguaje moderno se cuida muy mucho de evitar sesgos de perspectiva con resignificaciones sociolingüísticas) Moldavo que había dejado atrás una vida de pura supervivencia. Como él solía decir, ꟷsi alguien tiene que morir, que sea otroꟷ. Bien dicho. Pero esa forma de entender la vida era así de extrema en sí misma. No le dolía quitarse de en medio a quien fuera si podía interferir en su bienestar o el de los suyos, pero al mismo tiempo pertenecía a esa escasa raza que aún practica el sentido de la lealtad. Alto, de complexión de...

CAPÍTULO 15. MÓNICA Y CARMINA

Por aquellos días estaba centrado en dar un golpe, con pinta de poder ser un gran golpe. Me habían pasado un chivatazo y había mucho dinero de por medio. Se trataba de Mónica, una viuda recién estrenada que poseía una considerable fortuna. Era una mujer de unos 55 años, que conservaba un bello rostro y una bonita silueta, femenina y serena. Gustaba de vestir bien, y nunca escatimaba en sus dos pasiones: la ropa y la lectura de cartas. Aunque se había dejado ver por el Roca muy de cuando en cuando, la fama de su fortuna la precedía y por ello era bien conocida en el barrio. Tras la muerte de su adorado marido se encontraba en la fase de resetear y empezar de nuevo. Era lo suficientemente mayor como para saber lo que quería, y lo suficientemente joven como para buscar una nueva pareja. En cuanto me enteré de la situación decidí comprar mis boletos e ir a por el premio. Un encuentro que pareció casual en el Roca, gracias a la medicación de José Ángel, hizo las veces de presentación...

CAPÍTULO 14. CHRISTIAN

De joven había sido un tipo apuesto, deportista. Alto, ojos claros y ancho de espaldas, los años, los kilos y los litros habían ido moldeando su figura ayudándolo a pasar desapercibido entre la parroquia del Roca. Alvite querría haber dicho que Christian era un tipo como surgido de las entrañas de una noche agitada. Pero no, no era así. Era Christian el que agitaba las entrañas de la noche. Trabajó vendiendo boletos de lotería y productos afines, donde en poco tiempo gestó una buena fortuna… más de lo que podría esperarse. Los números no cuadraban en la central de apuestas, pues siempre vendía más participaciones de las que correspondían. Pero, sobre todo, lo que más le lucraba era la compra de billetes premiados para ayudar a blanquear dinero de la mafia local. Respecto a su otra afición, Jaime Urrutia diría que tenía querencia a la barra , bien fuera la del Roca o la americana, ya que no hacía feos a ninguna. Comenzó gastándose algo de dinero en cerveza y vino, y acabó gastando algo ...

CAPÍTULO 13. VIRGINIA

Si buscamos a Virginia en la Wikipedia nos diría que era una superviviente de la vida, aunque más bien la vida le sobrevivía a ella. De ese tipo de gente que tanto frecuenta el Roca, caracteres que son directos al hígado, combatientes que no hacen prisioneros. Gentes que actúan y callan. De Virginia también podríamos decir que era guapa, de talla media, y con tan buenas curvas que perdonaban su falta de cintura, mayormente social. Solía dejarse caer por allí con sus amigas del gimnasio, de las cuales hablaré en otro momento. Volviendo a Virginia, no era fácil que se dejase invitar por cualquiera. A ella le gustaba tomar la iniciativa. Era de esa clase de mujeres que se conocen raramente, de las que cuando quieren algo, simplemente lo cogen. A Virginia le gustaba el ron en copa donde no cupiese una lágrima. Era más de salidas de emergencia que de entradas triunfales. Mujer en mayúsculas, profunda como un suspiro, con buen aguante en lo físico y más en lo mental, y unas facciones duras p...

CAPÍTULO 12. ROSI

Rosi era la madame del puti del barrio. Del tugurio no hablaré mucho, nada diferente de cualquier otro humilde lupanar de barrio, eso sí, limpio, agradable, acogedor, sencillo, lo había decorado como si fuera un hotel con encanto. Hablaré de ella, que hay mucho de lo que hablar. Rosi contaba ya 80 años, los cuales había transformado uno a uno en visión empresarial. Cazadora de oportunidades y transformadora de riquezas, con los años consiguió reunir una pequeña fortuna. Pero antes había sido muy distinto. Se casó muy joven, única salida de emergencia al patriarcado asfixiante que la rodeaba. Pero se casó enamorada, muy enamorada, que lo cortés no quita lo valiente. Adoraba a su marido. Lo quería, lo respetaba, lo veneraba. Era imposible querer más de lo que ella quería a su marido. Sin embargo, la vida, siempre presta a darte una puñalada trapera, los estaba esperando a la vuelta de la esquina. Rosi enviudó joven, él se apagó en silencio, quien sabe si por exceso de amor o por defecto...

CAPÍTULO 11. CARLOS

Estábamos todos en el Roca esperando con impaciencia recibir a Carlos. Parece que fue ayer pero ya habían pasado dos años y medio desde su condena de cárcel al pillarle vendiendo coches robados. Cuando apareció por la puerta todos comenzamos a gritar y darle abrazos. Algo más delgado y cano, mostraba una amplia y cálida sonrisa. Estaba relajado como una tarde de domingo. Entre rondas de cervezas y gin-tonics nos fue amenizando la noche con sus batallas en la cárcel. Se le veía bien, ligero, tranquilo, maduro. Parecía reinsertado y con cara de haber saldado cuentas con el mundo. Contaba que no le habían tratado mal en Soto, y sus compañeros de trullo no habían sido de lo peor que podría haberle tocado. En un momento en que nos quedamos él y yo a solas, me preguntó que qué tal me iba. —Pues no me puedo quejar—, le dije. —Ahora ando mirando para comprarme un coche, el anterior está muy cascado y para mis chanchullos lo necesito—, le expliqué. Se me quedó mirando un momento, y me preg...

CAPÍTULO 10. CARLOS Y JOSÉ ÁNGEL

Carlos era difícil de describir, cuasi asemántico, de personalidad inefable y pensamiento indescifrable. Cualquier intento de definirlo se queda corto. Un tipo a caballo entre lo canalla y lo sublime. Él se definía como contable, pues contaba los días por negocios, la vida como una cuenta corriente, y si le pedías legalidad, mejor no contar con él. Se le daban muy bien los números. Quería más a su calculadora que a sus hijos. Ingresar más, y pagar menos  era su máxima en la vida, lo llevaba tatuado en el pecho. Los mafiosos y chanchulleros se lo rifaban, él se conocía bien los vericuetos de las leyes fiscales. Porque como él decía, hecha la ley, hecho el resquicio . Por ello llevaba las cuentas de todos los que frecuentábamos el Roca. Con él teníamos la certeza de que, si algo se podía hacer para maquillar los números, su ordenador se convertía en una barra de labios de Chanel . Carlos se había formado en la universidad a distancia. Así no interrumpía las clases cuando pasaba una t...

CAPÍTULO 9. AURELIO

Era navidad, el Circo Mundial volvía a casa y se plantaba en el barrio por unos meses. Ello hacía que algunos trabajadores del circo se acercasen en sus ratos libres por el Roca a tomar algo. Me encontré con uno de ellos, Aurelio. A Aurelio le conocíamos de la escuela, del barrio y de vernos por el Roca en ocasiones anteriores. Era alto, delgado, fibroso. En la vida era de trago largo y mirada corta, más ágil con las manos que con la sensatez. Aquella noche me llamó la atención verle apoyado en la barra, con la mirada fija en su reflejo, en el espejo que forma la ginebra en vaso ancho. Tenía los ojos rojos, llorosos. Al ver que le miraba, me dijo: —Amigo Juan, ella ya nunca sabrá lo que la quería. Esta vez se nos ha ido de las manos... Aún no puedo creer que después de tanto tiempo haciéndolo, haya pasado. Un mal momento, y todo ha terminado. Y lo peor, lo que más me apena, es que ya nunca podré decirle que la quería, a ella, a mi ayudante, la que me había robado el corazón, el tiemp...

CAPÍTULO 8. MOHA Y JUAN

M ohamed, Moha , era un marroquí cincuentón mal conservado que se ganaba la vida con la venta ilegal de lo que fuera. Calvo, regordete y bajito, de cara gastada, su aspecto afable hacía que la gente lo recibiese con mayor cariño del que correspondía a un vendedor ambulante. Como un bisturí oxidado, su mal aspecto no impedía una ejecución certera en el negocio. Frecuentaba el Roca, siempre hacia las diez de la noche. Un buen pescador que sabía bien dónde y cuándo apostarse. Decía que esa era la mejor hora, que con el bar lleno y la parroquia animada tras los primeros tragos, las ventas eran más fluidas. En su sucia y vieja mochila a simple vista sólo se veían películas de mala calidad y CDs de temporadas anteriores, pero la bolsa abultaba mucho más que esas minucias. Nunca ofrecía droga, pero como buen croupier, ayudaba a que cambiase de manos. — El fin de un buen comercial –decía– es satisfacer las necesidades del cliente, sean cuales sean — .  Pero él no era más que un mero interm...

CAPÍTULO 7. JOSÉ ÁNGEL Y JUAN

Varias rondas en El Roca habían llevado la conversación entre Jose Ángel y yo por muy diversos derroteros. Delirios geniales de barra y gin-tonic, que diría Alvite. A José Ángel, como diría el propio Ernie Loquato, la oscuridad le ayudaba a ver las cosas claras. En aquel momento habíamos aterrizado en el campo de la Fe y de la creencia en Dios. Yo le había dicho que era ateo practicante, pero José Ángel, por alguna razón, no acababa de creérselo. Tratando de aclararlo, él me preguntó entonces que porqué, si de verdad era ateo, de vez en cuando iba a misa los domingos. Me quedé pensando, y entonces decidí contarle una historia: —Dice un viejo proverbio que “ quien siembra tamarindos, nunca recoge tamarindos ”, –aludiendo a los 80–90 años que tarda este árbol en dar sus primeros frutos–. Y esta historia que te voy a contar es la historia de un joven viajero que recorría las lejanas tierras del Tíbet. En un momento de su larga caminata por los valles y colinas de un país tan natural com...

CAPÍTULO 6. JOSITO

Josito era de todo menos diminutivo. Era lo que se dice un auténtico… bueno, me ahorro el adjetivo que me viene a la mente y que al final del capítulo, cada uno le catalogue. Midiendo casi metro noventa, contenía más de cien kilos de mucho músculo y poca paciencia. Josito solo tenía un problema: nunca discutía. Si había algún tema que no le gustaba, lo resolvía a leches (perdón JA, a hostias ). Una vez el “terremoto” le mentó a la madre. Acto seguido fue al suelo, detrás de sus dientes. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que era el niño modelo, querubín de postal, monaguillo de vocación y misa semanal paseaba la hucha del Domund el domingo que tocaba y ayudaba a las viejecitas a cruzar la calle. Pero una tarde de verano todo cambió. Camino de un pub en la calle Orense donde había quedado con los colegas, cuatro personas que hablaban entre sí en caló le salieron al paso: —Danos lo que lleves—, le increparon. Josito, por entonces poco amigo de las broncas les dio todo lo que...

CAPÍTULO 5. VÍCTOR

Y a íbamos por la segunda ronda en el Roca. Y una vez más, Víctor llegaba tarde. Como todos los viernes el Roca estaba hasta la bola, lo cual no fue problema para que él le mangase un taburete al primer parroquiano que se descuidó. Según llegó nos contó los problemas que había tenido en el trabajo. Víctor era imposible de catalogar, era imprevisible como el pronóstico del tiempo a siete días, y desconcertante como un informe médico. Inefable como pocos. Su nuevo jefe le había despedido, ahora que acababa de firmar su sentencia de divorcio, y se temía que no iba a ser capaz de pagar la pensión de manutención. Pero eso no era todo. Nos contó que también había tenido problemas con su último coche de tercera mano. Lo había vendido diez días antes, y ya le había fallado al nuevo dueño, que ahora le amenazaba con pasar a hacerle una visita por su casa si no se lo arreglaba de gratis. Curiosamente era el mismo fallo que quince días antes le había dejado tirado, motivo por el cual prefirió ven...