CAPÍTULO 28. MILAGRO, EL ÁNGEL
Fue una mala racha. Aquellos días los pasaba en el Roca enterrado en bebida y tristeza. La caída fue sonada. Yo me había enamorado de ella, pero ella no de mí. Y así fue cómo el castillo de naipes que había construido con mis ilusiones se fue desmoronando. No cayó de golpe, sino lentamente, carta a carta. Y cada carta que caía, planeaba girando sobre sí misma, cogiendo velocidad y rabia, como una cuchilla, y en su descenso me cortaba con su borde afilado. Una tras otra. Hasta que no quedó ni una, tan solo mi cuerpo maltrecho, sangrando por cada rasguño en carne viva. Un dolor ácido, persistente, que se agudizaba al menor movimiento de mi piel.
—¡Vaya desastre que hay aquí! — me dijo la desconocida recién llegada a mi universo. —¿Te importa que recoja un poco todo este desaguisado? — me preguntó. —Por cierto, me llamo Milagro, sin “s”.
Y sin esperar a que respondiera, comenzó a recoger. Se deshizo de las cartas lacerantes; no sé lo que hizo con ellas, pero lo imagino. Desaparecieron de mi vista y de mi alma para siempre. Luego cogió algodón y Betadine, y fue sanando y besando una por una todas mis heridas. Con calma, con cariño y con cuidado. Sin prisa pero sin pausa. Soplando con dulzura cuando me escocía, o poniendo tiritas donde la piel más se había desgarrado. Y finalmente sellando con un beso cada cicatriz.
Y así siguió cuidando de mi cuerpo, y por extensión de mi alma. Pasé de ser un despojo maltrecho y abatido a volver a radiar, luciendo un indisimulable brillo en la mirada y la tersura de un bebé en la piel.
De esto ya han pasado tres años. Y en todo este tiempo no ha cesado de recoger mis hojas caídas en otoño, ni ha dejado de regar mis raíces, o fertilizarme cuando ella nota que se necesita. Nunca me ha pedido nada, y aun así ha seguido a mi lado. Sin hacer ruido, solo haciéndome bien. Usando palabras precisas cuando mi amor propio lo requiere. Y caricias certeras si mi cuerpo lo demanda.
Y ya no me queda ninguna duda de que los ángeles existen, y los milagros, aunque en singular, también.
Comentarios
Publicar un comentario